miércoles, 30 de septiembre de 2009

Los partidos socialdemócratas de tanto ponerle parches al capitalismo, están en buena parte, contagiados con el síndrome de Estocolmo

El diario "La Vanguardia" de hoy publica un largo artículo, de los periodistas R. Poch; Uria. E.Val; y B. Navarro; a modo de informe de situación del estado actual de los partidos que se reclaman socialistas, o socialdemócratas. Es una radiografía.
Mas allá de cualquier intención, el reproducirlo, tiene como objetivo señalar la necesidad de un replanteamiento del modelo actual de los partidos que se refugian en el paraguas del socialismo o la socialdemocracia.
En realidad de socialistas les queda a la mayoría, el titulo de enganche, -como el de la oferta bomba en las rebajas de temporada- y algunas frases apuntaladas en la declaración de principios que adornan sus estatutos. La práctica política suele ser, salvo excepciones puntuales o de personas, de partidos de centroderecha, cuando no liberales.., y así no se va a ninguna parte.

“La socialdemocracia europea no le encuentra el truco al siglo XXI, y esta incapacidad le resta apoyo social en las más sólidas democracias industriales. En Alemania, Francia y el Reino Unido la derecha ha ocupado el centro vital que hizo fuertes a Schröder, Jospin (brevemente) y Blair (durante casi tres mandatos). La economía social de mercado se ha convertido en pieza importante de los gobiernos de Merkel y Sarkozy, y, según todos los pronósticos, pronto puede serlo también del de Cameron.
La socialdemocracia italiana, sin ideas ni rumbo, se ha rendido al populismo de Berlusconi. Los países de la nueva Europa, que la abrazaron en los años noventa, confían ahora más en la derecha liberal para progresar. La socialdemocracia escandinava sólo resiste en la rica Noruega, que tiene petróleo y sentido de la justicia social. España y Portugal, condicionados por sus largas dictaduras, mantienen sus gobiernos socialistas, aunque sin el entusiasmo de antaño. La clásica ideología socialista se diluye en el pragmatismo y el idealismo de la nueva era.

Alemania. La unificación y Los Verdes matizan el panorama
Ya quisiéramos unos cuantos Steinmeier. Con media docena como él, la calidad de cualquier partido político español, de izquierda, derecha o nacionalista periférico, subiría hasta niveles desconocidos. Trabajador, honrado, serio, competente, "un gusto trabajar bajo su dirección", dicen en el Ministerio de Exteriores. Todas las cualidades del líder socialdemócrata alemán, el campechano Franz-Walter Steinmeier, no alteran la simple realidad. Él ha llevado al SPD al desastre, en lo personal y en lo político.
No es sólo un problema de falta de carisma. De lo que se trata es de que, a efectos electorales, a Steinmeier se le recuerda, no como ministro o vicecanciller, sino como el cocinero de los recortes sociales del 2003. Eso significa que la salida al desastre que el SPD cosechó el domingo no tendrá lugar con él. Steinmeier fue elegido ayer jefe del grupo parlamentario del SPD.
Con él y su compañero Franz Müntefering el SPD se ha derrumbado. Un retroceso electoral del 11%, sin precedentes en la historia de posguerra, y la pérdida de más de la mitad de sus votantes. Es revelador adentrarse en lo que esos datos contienen.
En 1998 el partido recibió 20 millones de votos, el domingo menos de 10 millones. Más de dos millones de votantes tradicionales del SPD se quedaron en casa y centenares de miles votaron a otras opciones. Los principales beneficiarios fueron Los Verdes y La Izquierda, que podrían considerarse fuerzas emparentadas, pero también los democristianos y los liberales del FDP se alimentaron de su debacle: más de medio millón de antiguos votantes socialdemócratas fueron al FDP.
La sangría fue fuerte en los antiguos bastiones industriales del SPD, como la cuenca del Ruhr, lugares asociados a los albores de la industrialización y del movimiento obrero. En Bochum el partido ha perdido una tercera parte de sus votantes, en Dortmund la caída fue de quince puntos, en Duisburgo se le han ido casi el 40% de los electores. La abstención hizo estragos. En un distrito de Duisburgo en el que uno de cada tres habitantes depende del subsidio social, la participación electoral fue del 44%, frente a la media nacional del 70%.
Los electores dieron la espalda al SPD en calidad de autor del mayor recorte de subsidios sociales y del aumento de la edad de jubilación a los 67 años, un sueño de la derecha que el SPD realizó en el 2003. Incluso después de perder las elecciones, Steinmeier ha seguido defendiendo aquel recorte, llamado Agenda 2010. La gran paradoja es que su pecado será probablemente superado por los recortes sociales que la crisis anuncia.
En toda Europa occidental, Alemania incluida, la izquierda está en crisis desde hace 30 años, en parte por haber asumido tareas de la derecha. Lo específico de la situación de Alemania es la magnitud del trompazo sufrido por el SPD y la aparición de una fuerza política ascendente a su izquierda, La Izquierda, que tiene que ver con la unificación alemana y se suma a Los Verdes. La gran pregunta ahora es cómo afectará la peor crisis económica de los últimos 60 años a esta anomalía continental.

Francia. El PS, hostigado por Los Verdes, busca un nuevo modelo
Rambouillet, 57 kilómetros al sudoeste de París, décima circunscripción del departamento de Yvelines. Una elección legislativa parcial, celebrada en segunda vuelta el pasado domingo, se salda con una victoria por los pelos –sólo cinco votos de diferencia– del candidato de la conservadora UMP, Jean-Frédéric Poisson, sobre su rival... la ecologista Anny Poursinoff. Un auténtico seísmo en este feudo de la derecha. Pero una réplica, solamente, del terremoto de la primera vuelta, cuando Los Verdes lograron dar la campanada al colarse en el segundo puesto batiendo sin piedad al Partido Socialista (PS) por ocho puntos: 20,1% a 12,4%.
Rambouillet ha disparado los sismógrafos en los dos grandes partidos. Pero principalmente en el estado mayor de la calle Solférino. El signo es altamente preocupante para la dirección del PS francés, un partido dividido y desorientado que no sabe qué camino seguir –hacia el centro o hacia la izquierda– y que desde la derrota de la elección presidencial del 2007 busca, hasta ahora sin demasiado éxito, volver a conectar con las esperanzas y las aspiraciones de los franceses. El resultado de Rambouillet, lejos de constituir una rareza, viene a confirmar la tendencia ya detectada en las elecciones europeas del pasado mes de junio: los ecologistas, con un apoyo electoral nunca visto del 16,3%, lograron empatar virtualmente con los socialistas, que con el 16,5% vieron su posición de segunda fuerza seriamente amenazada. En París y su región fueron incluso sobrepasados por la ola verde.
El carisma de Daniel Cohn-Bendit, al frente de una amplia coalición ecologista, fue esencial en aquel triunfo. Pero la popularidad creciente de la secretaria nacional de Los Verdes, Cécile Duflot, y el resultado de Rambouillet muestran que hay una corriente de fondo que va más allá de la fuerza mediática del histórico líder de Mayo del 68.
Hostigado por los verdes, determinados a presentar batalla en las elecciones regionales del próximo mes de marzo, el PS busca desesperadamente salir del hoyo. La nueva secretaria general, Martine Aubry –que se hizo con el control del partido hace un año-, está obligada a actuar con celeridad si quiere evitar dentro de unos meses un nuevo batacazo electoral, lo que pondría seriamente en peligro su posición. La mitad del PS votó hace un año por su rival y, aunque Royal parece cada vez más ausente, sus seguidores parecen poco conmovidos por el discurso izquierdista de la dirección. Los barones que se unieron hace un año a Aubry –como el alcalde de París, Bertrand Delanoë– lo hicieron por razones tácticas y pueden dejarla caer cuando vean llegado el momento.
En busca de un nuevo modelo, la dirección del PS va a someter mañana a los militantes una docena de propuestas para regenerar y renovar el partido, entre ellas, la instauración de elecciones primarias abiertas para designar al candidato socialista al Elíseo. Puede ser la oportunidad, para los socialistas, de empezar a levantar cabeza. Y para Aubry, de consolidar su liderazgo interno... a condición de que los planes de la dirección sean avalados por una amplia participación. Algo que no está ni mucho menos garantizado en esto momentos, tal es la lasitud que embarga a la militancia.

Italia. La angustia del PD por sentirse débil ante Berlusconi
El severo castigo electoral a los socialdemócratas alemanes es objeto de numerosas y angustiadas reflexiones en Italia, sobre todo por parte de una izquierda que intenta salir de su propia crisis y prepararse para el día después de la era berlusconiana, un horizonte que, muy a su pesar, no parece a la vuelta de la esquina.
El revolcón del SPD no podía haber llegado en peor momento psicológico para el Partido Demócrata (PD), la nueva y heterogénea fuerza con vocación de aglutinar al centroizquierda italiano. Dentro de pocos días, el 11 de octubre, el PD celebrará su congreso, y el día 25 habrá las primarias para elegir a su nuevo líder. Quizá por las rachas de viento germánico, el guirigay interno en el PD se reactivó ayer. Hubo gran tensión entre los dos principales candidatos a guiarlo, Dario Franceschini y Pierluigi Bersani.
En la Italia de hoy se suele admitir como axioma político que la hegemonía de Berlusconi, pese a sus escándalos, es consecuencia, en buena parte, de la falta de una alternativa fuerte y coherente, programática y de liderazgo, al descrédito de una izquierda que dejó muy mal sabor de boca tras el caótico último gobierno de Romano Prodi (2006- 2008).
El ex primer ministro Massimo D'Alema escribió un artículo ayer en La Stampa en el que admitía que "la crisis actual marca un profundo cambio de época". "No se trata solamente de una crisis financiera, económica y ya gravemente social; se trata de una crisis política y cultural. Se cierra un ciclo caracterizado por una globalización sin reglas, por el dominio de la ideología ultraliberal. Desaparece la ilusión dogmática de la infalibilidad del mercado". D'Alema reconocía la "paradoja" de que vuelvan al centro del debate " ideas fundamentales que son propias de la tradición socialista" y, sin embargo, "frente a este gran viraje parece que es precisamente el socialismo en Europa el que se enfrenta a mayores problemas". Su diagnóstico es que el socialismo europeo "no ha conseguido, frente a la globalización, ir más allá del horizonte del reformismo nacional". La receta: "Un nuevo paradigma, una fuerza progresista europea que tenga el valor de ponerse de nuevo en juego, que abra las velas para aprovechar el viento del cambio internacional, pasando página respecto de las timideces y el carácter discreto de los últimos años".
D'Alema, ex líder del Partido Comunista Italiano (PCI), personifica precisamente uno de los problemas de la izquierda italiana, su heterogeneidad y su complicado pasado. Durante 40 años el PCI fue el mayor partido comunista occidental y principal referente de la izquierda en Italia. No fue fácil la adaptación tras la caída del muro de Berlín y tras el terremoto de la tangentopoli, la maraña de corrupción destapada en los años noventa del siglo pasado que barrió el sistema vigente desde la Segunda Guerra Mundial, llevándose por delante a partidos enteros, como el socialista de Bettino Craxi. De aquel vacío surgió el populismo de Berlusconi, quien, al comentar el resultado alemán, no ha dudado en considerar el triunfo de Angela Merkel como el suyo propio.

Unióneuropea. Iberia y Grecia, últimos reductos de la izquierda europea
Las 27 plazas del Consejo Europeo están ocupadas por la derecha. ¿Todas? ¡No! Hispania, Portus Cale, Britania, la isla de Cyprus y un par de enclaves centroeuropeos resisten todavía... ¿Irreductibles?
De unos años a esta parte las cumbres europeas están dominadas por gobiernos conservadores, con sólo media docena de sillas ocupadas por representantes de la izquierda. Con la izquierda ausente de Francia y Alemania, su influencia como grupo ideológico es escasa. Sus líderes reservan sus arengas para las reuniones de partido con la familia europea, un foro frecuentado sobre todo por miembros de la oposición.
José Luis Rodríguez Zapatero es el único líder de peso y ganador además de dos elecciones, algo de lo que no puede presumir el británico Gordon Brown. Con elecciones a al vista, la permanencia de Brown o el Labour en el poder está muy en el aire. Mientras, el desgastado líder de los socialistas portugueses, José Sócrates, resistió la embestida conservadora este domingo, pero dependerá de la derecha para mantener en pie su segundo gobierno.
Más a la izquierda está el presidente chipriota, Dimitris Christofias, el único comunista que se sienta en las cumbres europeas. De todos los dirigentes de Europa Central y del Este, sólo el esloveno Borut Pahor y el eslovaco Robert Fico representan a la socialdemocracia. Los refuerzos podrían llegar de Grecia, que este domingo celebra elecciones anticipadas y la derecha podría dejar paso al Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) de Giorgos Papandreu."