martes, 26 de enero de 2010

La solidaridad con Haití pone en evidencia la falta de solidaridad en los entornos cercanos

La multitud de iniciativas solidarias y de apoyo a Haití que el terremoto ha suscitado demuestra la rápida y desinteresada respuesta de inmensas capas de la sociedad. La avalancha de apoyos e iniciativas, la importante inyección económica, ayudará enormemente a un país que se encontraba ya devastado antes del trágico terremoto.
La tragedia de Haiti también da pie a la reflexión. Si la situación de Haití es tan desesperada es porque suma tragedia sobre tragedia. Hoy centran la atención pero se volverá a olvidar como, el Tsunami o las continuas y casi nunca mencionadas inundaciones en Mozambique.
La solidaridad siempre esta bien, pero seria deseable como una práctica diaria que no sólo se demuestre hacia los que se encuentran lejos y en crisis tan llamativas como la actual, sino que sea una conducta habitual hacia todas las personas que formamos esta sociedad. No será tan públicamente notoria pero si socialmente más eficaz.
Es una incongruencia, dicho suavemente, que la mayor parte de la sociedad quiera ayudar a los haitianos, al tiempo que se quiere endurecer la ley de extranjería recientemente reformada. Que mientras se suceden iniciativas solidarias se den situaciones como las sucedidas en Vic o Torrejón, que hacen que afloren los discursos racistas y xenófobos; que mientras se ayuda a personas a miles de kilómetros otros, -y no solo "extranjeros" en las localidades donde residimos- pasen privaciones…